Crisis existencial: qué es, por qué aparece y cómo afrontarla
Hay momentos en los que una vida aparentemente estable deja de sentirse como propia. El trabajo continúa, las relaciones siguen ahí y las obligaciones cotidianas no han desaparecido, pero algo ha cambiado por dentro.
Preguntas que antes parecían lejanas empiezan a ocupar espacio: ¿esto es realmente lo que quiero?, ¿qué sentido tiene lo que hago?, ¿por qué no me siento satisfecho si, en teoría, todo va bien?, ¿qué quiero hacer con mi vida?
Una crisis existencial puede aparecer cuando las respuestas con las que habíamos organizado nuestra vida dejan de resultarnos suficientes. No implica necesariamente que haya ocurrido una gran tragedia. A veces surge precisamente cuando alcanzamos aquello que pensábamos que nos haría sentir realizados y descubrimos que la sensación esperada no llega.
Puede ser una experiencia incómoda, confusa e incluso angustiante. Pero también puede convertirse en un momento importante para revisar prioridades, comprender necesidades y construir una relación diferente con nuestra propia vida.
Entender qué está ocurriendo es un primer paso para atravesarla.
¿Qué es una crisis existencial?
Una crisis existencial es un periodo de cuestionamiento profundo relacionado con aspectos fundamentales de la propia existencia.
Puede girar alrededor del sentido de la vida, la identidad, las decisiones tomadas, la libertad, la responsabilidad, las relaciones, la muerte o la dirección que queremos seguir.
No existe una única forma de experimentarla.
Para algunas personas aparece como una sensación persistente de vacío. Otras sienten que están viviendo de manera automática. También puede manifestarse como una necesidad intensa de cambiar prácticamente todo o como una dificultad para tomar decisiones porque ninguna alternativa parece suficientemente significativa.
Preguntarse por el sentido de la vida no constituye por sí mismo un problema psicológico.
Son preguntas profundamente humanas.
La dificultad aparece cuando generan un nivel de malestar que empieza a afectar significativamente a nuestra forma de relacionarnos con nosotros mismos, con los demás o con la vida cotidiana.
¿Cómo se siente una crisis existencial?
No existe una lista cerrada de señales que permita identificarla de manera automática.
Sin embargo, determinadas experiencias aparecen con frecuencia.
Una persona puede sentir que las cosas que antes le motivaban han perdido parte de su significado. Puede empezar a cuestionar decisiones importantes o experimentar una sensación de desconexión con la vida que ha construido.
Entre las experiencias que pueden aparecer encontramos:
- Sensación de vacío.
- Preguntas recurrentes sobre el sentido de la vida.
- Insatisfacción difícil de explicar.
- Dudas profundas sobre decisiones tomadas.
- Sensación de estar viviendo en piloto automático.
- Miedo al paso del tiempo.
- Preocupación por la muerte.
- Necesidad de realizar cambios importantes.
- Confusión sobre la propia identidad.
- Sensación de desconexión respecto a los propios valores.
Estas experiencias no son exclusivas de una crisis existencial y también pueden aparecer en otros contextos psicológicos.
Por eso conviene evitar el autodiagnóstico basado únicamente en contenidos leídos en Internet.
¿Por qué aparece una crisis existencial?
No siempre existe una causa concreta.
En ocasiones surge después de un acontecimiento que rompe la continuidad de nuestra vida. Otras veces se desarrolla lentamente hasta que las preguntas que llevábamos tiempo evitando resultan imposibles de ignorar.
Hay determinados momentos vitales que pueden favorecer este tipo de cuestionamiento.
Cambios importantes
Mudarse, terminar los estudios, empezar un nuevo trabajo, convertirse en padre o madre, terminar una relación o jubilarse modifica la estructura cotidiana.
Los cambios obligan a abandonar determinados roles y asumir otros.
En esa transición puede aparecer una pregunta importante: ¿quién soy ahora?
Cuando parte de nuestra identidad estaba vinculada a la etapa anterior, responder no siempre resulta sencillo.
Pérdidas y duelos
La muerte de alguien cercano puede confrontarnos directamente con nuestra propia finitud.
También existen otras pérdidas capaces de generar preguntas profundas: una ruptura, la pérdida de un empleo, una enfermedad, una amistad que termina o un proyecto que finalmente no podrá realizarse.
El duelo no solo tiene que ver con aquello que hemos perdido.
También puede obligarnos a reconsiderar cómo imaginábamos nuestro futuro.
Alcanzar una meta y no sentir lo esperado
Esta situación puede resultar especialmente desconcertante.
Durante años podemos construir nuestra vida alrededor de un objetivo: terminar una carrera, conseguir cierto trabajo, comprar una vivienda, alcanzar determinada estabilidad económica o formar una familia.
La expectativa es que, cuando lleguemos, aparecerá una sensación clara de satisfacción.
Pero no siempre sucede.
Entonces surge una pregunta difícil: “Si esto era lo que quería, ¿por qué sigo sintiendo que falta algo?”
La respuesta puede exigir revisar qué deseos eran realmente propios y cuáles habíamos asumido porque parecían el camino correcto.
Cuando has seguido el camino que se esperaba de ti
Desde pequeños recibimos ideas sobre cómo debería ser una vida satisfactoria.
Estudiar, trabajar, encontrar pareja, progresar profesionalmente, conseguir estabilidad y cumplir determinados hitos.
No hay nada necesariamente negativo en esas aspiraciones.
El problema aparece cuando seguimos un guion sin preguntarnos si encaja con nuestros propios valores.
Durante años puede funcionar perfectamente.
Las obligaciones diarias mantienen nuestra atención ocupada y cada etapa proporciona el siguiente objetivo.
Hasta que llega un momento en el que aparece la pregunta:
¿He elegido esta vida o simplemente he ido avanzando por el camino que tenía delante?
No siempre resulta agradable responderla.
Pero evitarla indefinidamente tampoco suele hacer que desaparezca.
La crisis de los 30, 40 o 50 años
Las crisis existenciales suelen asociarse a determinadas edades, especialmente a la conocida “crisis de los 40”.
Sin embargo, pueden aparecer en cualquier etapa adulta.
Lo que cambia son las preguntas.
Alrededor de los 30
Puede existir una comparación intensa entre expectativas y realidad.
Algunas personas sienten presión por haber alcanzado determinados objetivos profesionales, económicos o afectivos.
Ver cómo amigos y conocidos avanzan por caminos diferentes puede aumentar las dudas sobre las decisiones propias.
En la mediana edad
El paso del tiempo puede hacerse más evidente.
Ya no solo pensamos en todas las posibilidades que tenemos por delante, sino también en los caminos que no elegimos.
Aparecen preguntas relacionadas con el envejecimiento, la identidad, las relaciones y el significado de los años vividos.
Después de la jubilación
El trabajo estructura buena parte de la vida adulta.
Proporciona horarios, responsabilidades, relaciones sociales y, en algunos casos, una parte importante de nuestra identidad.
Cuando desaparece, puede abrirse una etapa de libertad, pero también una pregunta: ¿quién soy cuando ya no desempeño ese papel?
La libertad también puede generar angustia
Tendemos a pensar que tener muchas opciones siempre es positivo.
Sin embargo, elegir también significa renunciar.
Cada decisión importante abre una posibilidad y cierra, al menos temporalmente, muchas otras.
Elegir una profesión significa no explorar completamente otras. Elegir una relación implica comprometerse con un camino determinado. Vivir en una ciudad supone no estar viviendo simultáneamente en otra.
La libertad trae consigo responsabilidad.
No podemos saber con absoluta certeza qué habría sucedido si hubiéramos tomado otra decisión.
Aceptar esta incertidumbre forma parte de vivir.
Una crisis existencial puede intensificarse cuando buscamos una seguridad imposible antes de decidir.
El miedo a equivocarse de vida
En ocasiones no tenemos dificultades para identificar alternativas.
El problema es que queremos saber cuál es la correcta.
Queremos garantías.
¿Seré más feliz si cambio de trabajo? ¿Me arrepentiré de terminar esta relación? ¿Debería mudarme? ¿Estoy desperdiciando mis mejores años?
Estas preguntas pueden convertirse en un bucle.
Pensamos más porque esperamos eliminar la incertidumbre. Pero determinadas decisiones vitales nunca pueden resolverse únicamente mediante razonamiento.
No existe una versión paralela de nuestra vida que podamos consultar antes de elegir.
En algún momento, decidir implica aceptar una parte de incertidumbre.
Compararnos puede intensificar la sensación de estar perdidos
Las redes sociales han ampliado enormemente nuestra exposición a la vida de los demás.
Cada día podemos observar ascensos profesionales, bodas, viajes, nuevas viviendas, proyectos y momentos aparentemente extraordinarios.
El problema es que comparamos nuestra experiencia completa, con dudas y dificultades incluidas, con una selección de momentos de otras personas.
Esto puede crear la sensación de llegar tarde.
Parece que todo el mundo sabe hacia dónde va excepto nosotros.
Pero la vida no sigue un calendario universal.
Que otra persona haya tomado una decisión antes no significa que nosotros debamos tomar la misma.
Crisis existencial y depresión no son lo mismo
Es importante no utilizar ambos conceptos como sinónimos.
Una crisis existencial puede generar tristeza, ansiedad, incertidumbre o desmotivación, pero esto no significa automáticamente que exista un trastorno depresivo.
Al mismo tiempo, algunas experiencias que interpretamos como “estar perdidos” pueden aparecer dentro de problemas de salud mental que requieren atención profesional.
Si existe malestar intenso o persistente, pérdida marcada de interés, alteraciones importantes del sueño o apetito, dificultades significativas para funcionar en la vida cotidiana o pensamientos relacionados con hacerse daño o no querer vivir, es importante buscar ayuda profesional.
Una reflexión existencial y un problema clínico pueden incluso coexistir.
Por eso resulta fundamental valorar a la persona completa y no limitarse a colocar una etiqueta sobre lo que está viviendo.
Cómo afrontar una crisis existencial
“Afrontar” no significa encontrar inmediatamente una respuesta definitiva al sentido de la vida.
De hecho, parte del proceso puede consistir en aprender a convivir con preguntas que no tienen una solución única.
Deja espacio para las preguntas
Intentar eliminar rápidamente el malestar puede llevarnos a tomar decisiones impulsivas.
Cambiar de trabajo, terminar una relación o mudarse pueden ser decisiones perfectamente válidas.
Pero una crisis interna no siempre se resuelve modificando inmediatamente las circunstancias externas.
Antes de actuar, puede resultar útil preguntarse qué necesidad está expresando ese deseo de cambio.
Revisa qué es importante para ti
Los valores pueden funcionar como una orientación cuando no existe una respuesta evidente.
¿Qué tipo de relaciones quieres construir?
¿Qué lugar ocupa el trabajo en tu vida?
¿Qué significa para ti cuidar?
¿Qué actividades hacen que sientas que tu tiempo tiene valor?
No se trata de elaborar una lista perfecta.
Se trata de distinguir entre aquello que verdaderamente valoramos y aquello que perseguimos únicamente por costumbre, presión o comparación.
Reduce la necesidad de encontrar “la respuesta”
Una de las trampas de una crisis existencial consiste en pensar que existe una revelación capaz de resolverlo todo.
Quizá esperamos descubrir nuestra verdadera vocación, nuestro propósito definitivo o el camino correcto.
La vida suele ser menos clara.
El sentido también puede construirse a través de decisiones pequeñas, relaciones, compromisos y experiencias cotidianas.
No siempre necesitamos descubrir un propósito gigantesco.
A veces necesitamos empezar a vivir de una manera ligeramente más coherente con aquello que consideramos importante.
No necesitas cambiar toda tu vida de golpe
Cuando aparece una fuerte sensación de insatisfacción, puede surgir el impulso de romper con todo.
Sin embargo, no todas las crisis requieren transformaciones radicales.
Puede que el problema no sea tu profesión, sino la forma en la que ocupa todo tu tiempo.
Puede que no necesites abandonar tu ciudad, sino recuperar relaciones o actividades que habías descuidado.
Puede que una relación no necesite terminar, sino cambiar determinadas dinámicas.
Los cambios pequeños también proporcionan información.
Permiten experimentar nuevas maneras de vivir sin convertir cada decisión en un punto de no retorno.
Hablar con otras personas puede ayudarte a ordenar lo que ocurre
Una crisis existencial puede resultar muy solitaria porque muchas de las preguntas son profundamente personales.
Hablar con alguien de confianza puede ayudar a poner palabras a experiencias que hasta entonces eran únicamente sensaciones confusas.
No necesitamos que esa persona nos dé una solución.
A veces ser escuchados sin recibir inmediatamente consejos permite entender mejor lo que estamos intentando expresar.
También puede ser útil descubrir que otras personas han atravesado periodos de duda similares.
No porque sus respuestas tengan que servirnos, sino porque cuestionarse la propia vida forma parte de la experiencia humana.
Cuándo acudir a terapia
No es necesario esperar a estar completamente desbordado para iniciar un proceso terapéutico.
La terapia puede ofrecer un espacio donde explorar preguntas difíciles sin necesidad de encontrar una respuesta rápida.
Puede resultar especialmente útil cuando el cuestionamiento se ha convertido en un bucle, cuando existe un malestar significativo o cuando resulta difícil distinguir qué queremos de lo que creemos que deberíamos querer.
Desde una perspectiva existencial, el objetivo no consiste necesariamente en eliminar todas las dudas.
Algunas preguntas forman parte inevitable de nuestra condición.
La terapia puede ayudar a explorar cómo nos relacionamos con la libertad, la responsabilidad, la incertidumbre, los vínculos, las pérdidas y el sentido que construimos alrededor de nuestra experiencia.
Una crisis también puede abrir una etapa diferente
La palabra “crisis” suele tener una connotación exclusivamente negativa.
Y es comprensible.
Sentir que aquello que antes organizaba nuestra vida ya no funciona puede generar miedo.
Pero cuestionar no significa necesariamente destruir.
También puede significar revisar.
Una crisis existencial puede señalar que determinados valores han cambiado, que algunas necesidades llevan demasiado tiempo ignoradas o que estamos intentando seguir viviendo con respuestas que pertenecían a una versión anterior de nosotros mismos.
No necesitamos salir de ese proceso convertidos en una persona completamente diferente.
Quizá el cambio sea más sencillo y, al mismo tiempo, más profundo: empezar a tomar decisiones con mayor conciencia de lo que estamos eligiendo.
Encontrar sentido no siempre significa encontrar certezas
Una crisis existencial nos enfrenta a una realidad difícil: no podemos controlar completamente el futuro, saber qué habría ocurrido siguiendo otro camino ni recibir garantías de que cada decisión será correcta.
Pero la ausencia de certeza no impide construir una vida significativa.
Podemos elegir cómo relacionarnos, qué compromisos asumir, qué queremos cuidar y qué lugar concedemos a aquello que valoramos.
Si estás atravesando un periodo de cuestionamiento y sientes que estas preguntas están generando un malestar difícil de gestionar, la psicoterapia puede proporcionar un espacio para explorarlas con profundidad.
En André Ducrós Psicología, el trabajo terapéutico permite abordar este tipo de procesos desde una mirada que no reduce la experiencia a encontrar respuestas rápidas, sino que busca comprender qué significado tienen esas preguntas dentro de tu historia y de tu momento vital.
Tal vez una crisis existencial no empiece porque hayas perdido definitivamente el rumbo, sino porque el rumbo que seguías necesita volver a ser pensado.